Érase una vez, en un rincón remoto de Internet, un lugar mágico llamado Biblioteca abierta. Aquí cualquiera podía pedir prestados libros digitales, como en una biblioteca física. Pero los dioses de los derechos de autor no estaban contentos. Con un movimiento de varita legal, Hicieron desaparecer 500.000 libros. No, no es la secuela de 'Farenheit 451', la novela de ciencia ficción escrita por Ray Bradbury y publicado en 1953. Es la realidad de 2024, en la que el concepto mismo de biblioteca pública está bajo ataque. Prepárese para un viaje al lado oscuro de los derechos de autor.
Biblioteca Abierta, el gran fuego digital
En un mundo paralelo, 500.000 libros quemados en una plaza pública serían de interés periodístico. Pero aquí, en nuestro ámbito digital, parecen haberse desvanecido en un silencio total. Open Library, el valiente experimento de Internet Archive (puedes encontrarlo aquí), está sufriendo una purga digna de los peores regímenes totalitarios. ¿Y lo más surrealista? Todo es perfectamente legal.
Por un lado tenemos a las grandes editoriales, criaturas mitológicas que respiran fuego legal. Por el otro, los valientes bibliotecarios digitales de Internet Archive, armados sólo con buenas intenciones y código HTML. Es una batalla épica, digna de un poema homérico... si Homero hubiera escrito sobre derechos de autor, y préstamos digitales.
Compramos y compramos libros (sí, libros físicos, en papel) y los ponemos a disposición para prestarlos en línea a una persona a la vez.
Un fragmento de la carta abierta de Open Archive denunciando el "fuego digital".
La magia de los préstamos controlados
Open Library no es una guarida de piratas digitales con parches en los ojos y loros sobre los hombros. Funciona igual que una biblioteca tradicional, pero en lugar de estantes polvorientos tiene servidores que zumban. Compran libros físicos (sí, los bonitos, los que huelen. Los hechos, eso sí, de árboles muertos) y los prestan digitalmente, uno a la vez. Es como si hubieran inventado la teletransportación para los libros, pero a los editores no les gusta esta magia.
En este universo paralelo, un libro puede existir y no existir al mismo tiempo. Si lo pides prestado digitalmente en Open Library, existe. Si un editor dice “¡Abracadabra, desaparece!”, el libro se desvanece en el aire. Es la paradoja del libro de Schrödinger: pero en lugar de un gato en una caja, tenemos medio millón de libros en el limbo digital.
Biblioteca Abierta y la economía surrealista de los libros electrónicos
En este mundo al revés, un libro que cuesta 29,99 euros al por menor puede costar 1.300 euros como licencia de libro electrónico para bibliotecas. Es como si los editores hubieran inventado la alquimia inversa, convirtiendo el oro digital en plomo barato. ¿Qué pasa con las bibliotecas? Se ven obligados a comprar estos libros mágicos que desaparecen tras un cierto número de préstamos, como si estuvieran escritos con tinta invisible.
Los editores denuncian piratería, pero con el debido respeto: ¿no son ellos los "corsarios" que atacaron el concepto mismo de biblioteca pública? Todo está digitalizado excepto el préstamo de libros. ¿Es este el futuro que queremos? ¿Un mundo donde el acceso al conocimiento está controlado por un puñado de editores dragones? ¿O todavía hay esperanza para nuestros héroes digitales?
Biblioteca abierta, la apelación al sentido común (si aún existe)
En esta surrealista historia de 2024, nos enfrentamos a una paradoja: cuanto más digitales nos volvemos, más corremos el riesgo de perder el acceso al conocimiento. Es como si, en la era de la información, estuviéramos construyendo nuevas bibliotecas en Alejandría sólo para verlas arder en un fuego de bits y bytes. Un escenario kafkiano.
¿Qué les diremos a nuestros nietos cuando nos pregunten por qué dejamos que medio millón de libros desaparezcan en el aire? Quizás comencemos con “Érase una vez, en un rincón remoto de Internet, un lugar mágico llamado Biblioteca Abierta…”
Y tal vez, sólo tal vez, esta historia todavía tenga la posibilidad de un final feliz. Porque en un mundo donde los libros pueden desaparecer con un clic, quizás también puedan reaparecer con la misma facilidad. Depende de nosotros decidir si queremos vivir en un mundo de conocimiento compartido o en una distopía digital. El lápiz, o en este caso el teclado, está en nuestras manos.